
vivo una vida tortugácea, cuando salgo fotografío, cuando entro, escribo. marian pessah - bienvenidxs
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quarta-feira, 30 de setembro de 2009
segunda-feira, 28 de setembro de 2009
28 de septiembre : mujeres por la vida
y contra toda hipocresía social.
- EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR- ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR-
ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO PARA NO MORIR
- POR UN ESTADO LAICO
- NI UNA MUERTA MÁS POR ABORTO CLANDESTINO
porque estamos a favor de la vida, es que estamos en lucha
mujeres en acción, lesbianas en pensamiento, feministas en resistencia
,
últimas noticias desde Honduras
Jessica
terça-feira, 22 de setembro de 2009
sexta-feira, 18 de setembro de 2009
Honduras - Bitácora del Ayuno
81 días en Resistencia/ Segundo día de Ayuno Mundial por la Matria/ que es la Hondura/
Nuevamente levantarse a medio dormir/ para prepararse/ el día comienza la jornada/ algo difícil/ ayunar por amor a la Esperanza/
Comienza el día/ con mensajito de la Chelita/ Astrid/ dinamarqueña radicada en Santa Rosa de Copán/ quien se UNE al ayuno/ con líquidos/ pues el trabajo del diagnóstico cultural en Copán/ exige un mínimo de calorías/ Gracias Astrid! Y bienvenida/
Temprano/ ahí por las ocho/ los compas Iris y Felipe/ descubren que la policía municipal/ exige permiso/ — ¿no estoy segura/ si para poner la carpa/ o para hacer el ayuno?/ ¿acaso requerimos permiso para creer en lo que creemos/ y ayunar?/
La Compañera Iris Mencía se dedicó entonces a gestionar dicho permiso/ tocándole rebotar de oficina en oficina/ hasta encontrar la firma de la persona/ autorizada para autorizarnos/ a manifestarnos/ y realizar un ayuno/ en nuestro propio Parque Central/ Al final del día descubriríamos/ que el permiso otorgado estaba condicionado/ —a la manta del Ayuno debe eliminársele/ el nombre—/ Porque todo nombre eliminado/ elimina todo significado/ y su significante/ Toda Matria no nombrada/ y no reconocida/ es una Matria inexistente/ —ahhhhhaaaa!!!!/ ahora me cae el veinte—/ ahora comprendo/ por qué se hablaba tanto del Proyecto de Nación/ —como dijimos hace tiempo/ “aquí todo está por hacerse”—/ Tuvimos que ceder/ y esconder la esquina que decía:/ “Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe”/ Ahora me pregunto/ si cedimos mucho/ o si valdrá la pena/ intentar salvar la humanidad/ o si habremos comprometido algo/ ¿nuestros principios?/ el dolor en mi estómago me recuerda/ que es precisamente por nuestros principios que estamos aquí/ en ayuno/ en resistencia y en rebeldía pacíficas/ doblar la manta quizás sólo sea nuestro gesto de realmente querer vivir en paz/
Al llegar al Parque/ estaba ya la carpa lista/ Jorge Luis llevaba ya bastante adelantada/ la lista de las firmas de las cientas de personas/ que se suman en apoyo al ayuno/ unos/as prometen apoyar ayunando/ en la medida de sus posibilidades y condiciones/ otros/as prometen no comprar ya nada que venga de los negocios de los/as golpistas/ otro/as se niegan a pagar impuestos/ otros/as prometen dejar de hacer lo que más les cuesta/ —dejar de fumar dijeron alguno/as—/ la idea es apoyar con un gesto simbólico/ que re/presente el sacrificio que estamos dispuestos/as a hacer/ para ver nuestra Matria florecida/ para ver que se cumpla la voluntad de El Soberano/ Pueblo/ de las Hibueras/
El Compa Chavez/ se hizo acompañar de varios compas solidarios/ que analizaron la situación/ Todos comprendemos/ debemos pensar en el futuro/ ¿cómo queremos que sea nuestra Honduras?/ ¿cómo vamos a hacer para seguir viviendo juntos/as después de que todo esto pase?/ ¿cómo empezamos a ver las cosas con mayor claridad/ aunque nos enturbien la visión/ y nos violen los derechos los golpistas?/ hablamos de diálogo verdadero/ y re/conocemos que todo debe cambiar/ —se habla de refundar el nuevo Estado—/ Desde Suecia se acerca un compañero que trae la solidaridad de unas iglesias/
A las mujeres/ nos sigue angustiando la posibilidad de la guerra civil/ muchos hombres parecen creer que contra el dictador/ que nos amedrenta con sus despliegues de fuerza/ sólo quedan las armas/ nosotras ayunamos porque eso no sea cierto/ porque podamos de verdad darle una lección al mundo/ —quizás una parecida a la que nos dio Gandhi—/
Cientos de hombres y mujeres firman/ se agregan al ayuno/ pasan por la tienda/ —que no es de turco—/ Compas solidarios/as que nos visitan/ y nos preguntan cómo nos sentimos/ estamos bien/ fuertes y felices de ver el apoyo que estamos recibiendo/ Esperanzado/as!!!/
El grupo núcleo de Teguz/ se consolida/ Andres/ Felipe/ amanda/ también entran y salen del ayuno otros/as Compas/ Iris corre de un lado al otro arreglando logística/ Florián que cuenta historias preciosas del apoyo del pueblo/ a las marchas de la resistencia en los barrios/ Rosi/ australiana trabajadora social que nos acompaña unas semanas/ Neri que ayuna cuando puede/ Pasan por la tienda también Zoila y América/ mujeres que al unir sus nombres se vuelven metáfora profunda/ —Soy la América—/ Gracias compas por los licuados de aguacate con granola/ gracias también a Andrés por el jugo de vegetales/ Gracias a Marlenne por sus cuidos y su apoyo incondicional/ Juan Domingo pasa midiéndonos el azúcar/
Hay paz en nuestra tienda/ por la mayor parte del tiempo/ de vez en cuando pasa un ser/ que nos grita que cómo se nos ocurre ayunar/ si nosotros/as no somos Cristianos/ si Dios no está con nosotros/as/ Todos/as sabemos que Dios no puede ser golpista/ y que está con todos/as o mejor dicho en todo/as/ ¿cómo es posible no comprenderlo?/ ¿akuenteke nos vienen a decir que nuestro Dios y nuestras creencias no son válidas?/ —volvieron los conquistadores—/ Claro!/ una persona cruel debe justificarse poniendo a Dios de su parte/ aunque él o ella traten de mantenerse imparciales/ Dicen los budistas que a las personas que nos dañan/ debemos agradecerles la paciencia/ que nos ayuda a desarrollar/
Una vez establecido el permiso/ se puede hacer toma de corriente/ Javier/ revisa implementos necesarios para hacer conexión/ mañana temprano tendremos luz/ para la máquina/ el pulmón artificial/ que nos permiten continuar/ siendo el milagro que es esta vida que vive en los cuerpos/
COFADEH prestonos carpa ayer y hoy/ pero mañana tienen actividad en Siguatepeque/ ya Jorge Luis hizo gestiones para que nos presten una tienda mañana/ Seguiremos aquí ya debidamente autorizados/ doblada la esquina de la manta que delata nuestra afiliación al Frente de Resistencia/ —secreto a voces—/ Seguiremos/ porque la mismísima constitución dice que ningún poblador/a debe aceptar un gobierno que se impuso y se mantiene SÓLO por las armas/ y que no es reconocido más que por sus financistas/ y todas aquellas personas que se lucran con el mismo/
Seguiremos ayunando/ porque en nuestra experiencia de resistencia pacífica/ es la única medida de presión que nos compete/ además ya sabemos que el ayuno limpia los cuerpos/ eliminando las toxinas y el Karma del planeta/ Ayunamos porque sabemos/ que Honduras no va a cambiar sino cambiamos nosotras/ El cambio comienza en la conciencia/ Hasta la victoria/ Tegucigalpa/ Honduras/ 16 de septiembre del 2009/
Jéssica, desde Honduras
Y mi corazón que está de luto no pudo llorar, por más que quiso. Muchas cosas hay que llorar: la muerte de Leo, el golpe de estado, los asesinatos y represiones a gente de nuestro pueblo y ayer hablaba con Fran y Karina que las mujeres de Olanchito me llamaron para contarme que venían del entierro de una joven enfermera asesinada en el hospital por un militar que estaba "enamorado" de ella. El director del hospital levantó una denuncia expresando que ahora no pueden detener a los militares ni siquiera en los hospitales "tienen el poder, tienen la ley". Pensé "esto no ha hecho más que empezar" y recorro mentalmente la historia de Guatemala, El Salvador, Nicaragua. Y no sé que hacer. Siento impotencia. Hoy cuando quise levantarme para acompañar a las chicas a una sesión de bioenergética no pude, mi cuerpo cansado y con fiebre lo impidió. Cora, una maravillosa mujer del pueblo lenca me frotó con ruda para quitarme el mal que andaba en el cuerpo. Me bajó la fiebre y pude moverme. Me dolían los hombros, la espalda, una especie de cansancio viejo. Me levanté a la computadora, a leer, a escribir. Recorrí las líneas de Fran y las ví con Karina (Demeter y Perséfone) en el SITRAINA, dondelas historias viejas salen de sus armarios y bailan con sus páginas rotas frente a mí. Siento ganas de gritar desde mi garganta atorada, de quedarme en la cama para siempre. Inevitablemente, me levanto porque en medio de todo esto me esperan sonrisas, amor, tal vez más lágrimas, dolor, vida y esperanza. Porque aunque sea poquita, siempre me aferro a ella. Porque es verde como las feministas en resistencia. Porque es el color de la poesía. Porque es el color de la tierra después de la lluvia, el olor a musgo. En fin, porque estoy viva.
Un abrazo
Jessica
Presentación
A Suyapa, quien inspiró este poema
Soy este cuerpo dibujado a golpes
Que camina día tras día bajo el sol,
bajo este cielo incierto de máquinas aladas,
en medio de ráfagas de humo y
el sonido de fusiles
Soy infinidad de rostros:
el de un chico asesinado,
el de la abuela que camina
el de la gente lenca armada de una paciencia infinita
El de la pintora de mantas,
El de la chica de las muletas
Que se enfrentan de a pedazos o en conjunto
A las murallas verde olivo cargadas de violencia
Puedo decir que de mi cuerpo salen muchos olores
El de la montuca fresca
El de la tortilla y los frijoles
El de manos sudadas y cuerpos cansados,
pero también
el olor de sangre derramada
el de gas y pólvora
el olor a muerte y a miedo.
Mi garganta
está poblada de voces:
Estoy en las discusiones acaloradas de las asambleas
en el grito de la maestra
En el relato de la joven violada,
En la protesta de los golpeados, de las torturadas
En la voz que canta en las calles
Soy miles de sombreros y
cientos de palabras,
soy abrazos, lágrimas,
ternura, carcajadas.
Estoy llena de
sonrisas que iluminan el día
colores que vienen de todas partes
tengo alegría, ganas de bailar,
tengo esperanza.
Porque sin mí las calles
Se quedarían solas,
Porque sin mí las paredes no dirían nada
Porque soy tus manos, tus pies cansados,
Tu voz.
Yo soy la resistencia
,
Francesca Gargallo, desde Honduras
pero hoy entendí plenamente que quiere decir lanzar en las calles consignas como NI GOLPE DE ESTADO NI GOLPES A LAS MUJERES y analizar juntas porqué la violencia de estado fomenta el femicidio, porque el sistema de represión descansa en el terror familiar, porque los sistemas de salud y de educación se basan en la imposición y nunca respetan la decisión de la persona (despersonalizada como "enferma" o como "menor de edad") sobre su cuerpo, sus creencias, sus decisiones.. .
Francesca
domingo, 13 de setembro de 2009
Paco Urondo
La verdad es la única realidad
Del otro lado de la reja está la realidad, de
Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973
de "Poemas de batalla", antología de Paco Urondo publicada por Planeta, 1998© Herederos de Francisco Urondo
quinta-feira, 10 de setembro de 2009
Melissa, mi mamá

Yo la llamaba mami. Pero entonces era una niña, ahora la pienso como mamá, tengo 43 años, recién cumplidos. Me cuesta recordarla por encima de los recuerdos de otras personas que evocan todo en ella que es contrario a mí: era blanca, delgada, con ojos claros, lindísima. Era dulce, simpática, amorosa y tierna. Cuando me hablan de mi mamá, casi todos lo hacen señalando lo mucho que no me parezco a ella. Y seguro así es. Entonces trato de recorrer una ruta que me lleve a una mujer que me puso en este mundo y que debió haber dejado marcas en alguna parte de mí, digo yo. A veces veo en el espejo y en mi imagen, un rastro de su boca y de la redondez del rostro. Otras, me parece oírla en mi risa. Pero no sé, no estoy segura. Tuvimos poco tiempo para hablar, yo era pequeña y ella moría. Su enfermedad fue demasiado larga y dolorosa al final, de tal modo que los recuerdos se pegan a una sola plantilla de olores químicos y asistencia de emergencia en medio de la noche. Pero la busco con insistencia, en momentos de desesperación cuando otras llaman a seres divinos; cuando estoy feliz y pienso que pensaría y cómo sería feliz como lo son las mamás, casi siempre, cuando la dicha rodea a sus hijas. Cuando tengo dudas y me siento culpable y perdida y creo que estaría desdichada con mis decisiones y creo que mejor que no esté para no cargarla con ansiedades y decepciones.
Así la vivo, lejana y cerca, hasta para sentir culpa y ternura. En las fotos donde no estoy y ella sonríe al fotógrafo, en la letra perfecta de sus cuadernos de poesía, que ella como yo amamos. En las historias de mi hermano que se acuerda de cosas de antes del cáncer. Recuerdos que envidio y que no tengo.
Hoy fui a buscarla al cementerio general de Siguatepeque. Hoy se cumplen 30 años de su muerte, hace ese tiempo que la dejamos ahí sobre la tierra de este pueblo querido, era un día triste y claro, lloviznaba un poco y hubo un arcoíris. El golpe del ataúd al cerrarse por última vez en una despedida interminable, aún me resuena, así como la imagen de su rostro pálido dentro. Hoy, el jardín natural del cementerio la llenó de flores, amarillas y blancas, púrpuras y moraditas. Eso que aquí la gente llama monte y persigue con machete. Habían unas vainas delgaditas que traqueaban a medida que crecía el sol. Ahí le llevé unas rosas de colores porque las rosas le gustan a mi abuela, también. Y puse gajos de naranja para las abejas que abundaban en el jardín de hoy, lleno de mariposas y de abejorros esmeralda.
Ahí encontré a mi mamá otra vez, de este modo que he tenido que crear para que no se vaya para siempre. Le mandó a decir a mi papá que lo amaba todavía y que desearía que no estuviera tan triste, lo sé porque apareció este mensaje claro en mi cabeza, y me acordé, realmente recordé cuando me decía: decile a tu papá….
Melissa Cardoza, Siguatepeque. 090909
quarta-feira, 2 de setembro de 2009
a do rei
As melhores verdades, são ditas nos finais, hehehe
".E se o militante preto ainda desejar ser branco, ainda viver numa cela? E se a feminista estiver vivendo num complexo de Cinderela? Se o militante anti-capitalista ficar esperando a revolução para só depois, e bem depois tomar o mundo em suas mãos? E se o favelado ficar esperando por um herói ou um favor? E Se o estudante esperar a autorização do diretor? Se essa melodia tiver feia e você não prestar atenção? E se nossa fala cair na repetição?
"Amandla Awetu!"
reportaje a Cristina Peri Rossi
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/soy/1-935-2009-08-21.html

domingo, 16 de agosto de 2009
Las puertas del armario y las olas de la mar

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-926-2009-08-16.html
primeiro em lingua argentina, e abaixo em brasileira
Texto y foto : marian pessah
Hace unos días recibí un correo electrónico. Sin firma. Una mujer, - que a partir de ahora llamaré Marcela - me “pedía ayuda desesperada”. Le gustan las mujeres pero no se atreve a asumirse lesbiana, de hecho, esta palabra ni siquiera asoma en todo el e-mail. Me cuenta que se identifica con cosas que escribo y eso la anima a conversar conmigo.
Me pregunto qué es lo que hace, que en determinado momento, nos animemos a abandonar las jaulas sociales; quebremos los barrotes del miedo; desafiemos las amenazas de “no saber lo que nos pueda pasar”; para libertarnos de todo esto y hasta, en algunos casos, nos hagamos activistas y nos tatuemos hasta los brazos con símbolos de libertad.
Hace un rato, mientras hacía mi caminata en el parque, entre vuelta y vuelta veía a dos chicas que no llegarían a los 18 años. Se besaban apasionadamente, reían y conversaban sin preocupación de ser vistas. ¡Qué lindo! Yo sentía complicidad al verlas, aunque tácita. Es común en Porto Alegre – ciudad en la que vivo –ver chicas de manos dadas. Lo difícil, es encontrar esta pasión al pie de un árbol, más aun en épocas de gripe A, que las clases están suspendidas y los días parecen tardes de domingo.
Marcela cree identificarse conmigo, con la que hoy habla, la que escribe. Lo que ella desconoce, es que yo también me tragaba las palabras, escondía mis miedos y fui durante años, la rara, la misteriosa, la asexuada. Hasta que llegó un momento en el que no aguanté más el sufrimiento del silencio, de la soledad, la presión de tantas palabras atoradas en mi garganta. Y fui un volcán en erupción.
Así comencé mi activismo, fue el canal que encontré para empezar a sacar tantas palabras, conocer otras mujeres y lesbianas con las que podía identificarme. Al ir escuchándome, pude darle existencia a mis sentimientos, ellos iban saliendo a la luz y se iban revelando ante mis ojos.
Me quedé sorprendida el día que vi la expresión del rostro de mi hermana, cuando luego de una confesión, muy tímida y en voz bajita, le contaba que me gustaban las mujeres. Ella me miró con su mejor pregunta y me dijo, ¿y? ¿cuál es el problema?
En Brasil desde hace unos años, el 29 de agosto es el día nacional de la visibilidad lesbiana. Nuestro grito deja su huella en el calendario, la existencia lesbiana está viva y hablando, expresándose, caminando. Rompiendo silencios, como nos decía Audre Lorde.
Ojalá esta fecha animara a todas las Marcelas que aún están en la oscuridad de tantos armarios, siendo tragadas por los agujeros negros de donde no llegan las palabras, ni la voz, ni la visibilidad, puedan animarse a romper las barreras del miedo, a salir de tantos lugares no deseados. A vivir.
Algunas hemos descubierto que el mayor cautiverio, es el propio, el que está adentro nuestro. No estoy negando que haya familias que lo toman mal, a mi madre no le fue fácil, pero vivimos juntas el proceso de asumirnos, yo lesbiana, ella, madre de.
Años más tarde, una de mis tías me contaría una charla entre mi abuela, ¡la bobe judía! y mi padre. Ella – mujer de ochentitantos años - le preguntaba qué cosa lo ponía tan mal, cuál era el problema, si yo era una chica feliz. Y eso era lo que importaba.
Nunca me arrepentí de haber abierto las puertas del armario, al contrario, si pudiera volver atrás, lo haría antes.
Pienso que hasta la propia mar, a veces, se cansa de sus olas. Es parte de nuestro andar. Pero siempre está el momento en que podemos descansar y hacer la plancha.
Marcela, mar, ¿vamos juntas a nadar?
As portas do armário e as ondas do mar
Texto e foto: marian pessah
Faz uns dias recebi um correio eletrônico. Sem assinatura. Uma mulher - que a partir de agora chamarei de Marcela - me “pedia ajuda desesperadamente”. Ela gosta de mulheres, mas não se atreve a se assumir como lésbica. De fato, essa palavra nem aparece em todo o e-mail. Me conta que se identifica com o que escrevo e que isso a anima a conversar comigo.
Me pergunto o que determina que, num determinado momento, nos animemos a abandonar as gaiolas sociais, quebrar os barrotes do medo, desafiar as ameaças do “não saber o que nos possa acontecer”, para nos libertar de tudo isso e até, em alguns casos, nos tornar ativistas e nos tatuar até os braços com símbolos da liberdade.
Quando fazia a minha caminhada no parque, entre volta e volta, observava duas meninas que não teriam mais de 18 anos. Se beijavam apaixonadamente, riam e conversavam sem preocupação de serem vistas. Que lindo! Eu sentia certa cumplicidade, embora tácita, ao vê-las. É comum em Porto Alegre ver meninas de mãos dadas. O difícil é encontrar tanta paixão ao pé de uma arvore, mais ainda, em épocas de gripe A, em que as aulas estão suspensas e os dias parecem tardes de domingo.
Marcela acredita se identificar comigo, com a que hoje fala, a que escreve. O que ela desconhece é que eu também engolia as palavras, escondia meus medos e que fui, durante anos, a rara, a misteriosa, a assexuada. Até o momento em que não agüentei mais o sofrimento do silêncio, da solidão; a pressão de tantas palavras engasgadas na minha garganta. E fui um vulcão em erupção.
Assim comecei meu ativismo, foi o canal que encontrei para começar a expulsar tantas palavras, conhecer outras mulheres e lésbicas com as quais podia me identificar. Enquanto escutava, conseguia dar existência aos meus sentimentos, eles iam saindo a luz e se revelando ante os meus olhos.
Fiquei surpresa o dia em que vi a expressão do rosto da minha irmã, quando logo depois de uma confissão, muito tímida e em voz baixinha, contei que gostava de meninas. Ela olhou para mim com sua melhor pergunta e me diz: e daí? Qual é o problema?
No Brasil, faz alguns anos, o 29 de agosto é o dia nacional da visibilidade lésbica. Nosso grito deixa sua pegada no calendário, a existência lésbica está viva e falando, se expressando, caminhando. Rompendo silêncios, como nos dizia Audre Lorde.
Tomara que essa data anime a todas as Marcelas que ainda estão escondidas dentro tantos armários, sendo engolidas pela escuridão onde não chegam as palavras, nem a voz, nem a visibilidade, possam se animar a romper as barreiras do medo, a sair de tantos lugares não desejados. A viver.
Algumas temos descoberto que a maior prisão é a própria, a que está dentro de nós. Não estou negando que muitas famílias levem “a coisa”. Para minha mãe, não foi fácil, mas vivemos juntas o processo de nos assumir, eu lésbica, ela, mãe de.
Anos mais tarde, uma das minhas tias me contaria uma conversa entre a minha avó, a bobe judia!, e o meu pai. Ela – mulher de oitententetantos anos - lhe perguntava que coisa lhe fazia tão mal, qual era o problema, se eu era uma menina feliz. E isso que contava.
Nunca me arrependi de ter aberto as portas do armário. Como canta Ana Carolina, prefiro sempre, sempre correr o risco.
Penso que até o próprio mar, as vezes, se cansa das suas ondas. Faz parte de nosso andar. Mas sempre existe o momento em que podemos boiar e descansar.
Marcela, mar, vamos juntas nadar?
terça-feira, 11 de agosto de 2009
em rebeldia - da bloga ao livro

sexta-feira, 7 de agosto de 2009
11 de Agosto de 2009: DIA DE ACCION GLOBAL POR HONDURAS
A las hermanas y hermanos de todos los movimientos sociales,
A todos los pueblos del mundo:
A más de un mes del golpe militar en Honduras y a 38 días de una incansable lucha de millares de campesinos, mujeres, indígenas, maestros, estudiantes, sindicalistas, profesionistas y gente sencilla de las ciudades y del campo, para revertirlo y restaurar la democracia y la dignidad, la represión de los golpistas no ha mellado el espíritu de lucha del heroico pueblo hondureño.
Esta lucha ha entrado ahora en una fase crucial por lo que el movimiento campesino hondureño y el Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado, han convocado a los movimientos sociales, sindicales y democráticos, a una Marcha Nacional que se inicia este día 5 de agosto y culminará el 11 de agosto en Tegucigalpa y San Pedro Sula.
En apoyo a esta Marcha Nacional y a nuestras hermanas y hermanos campesinos y a todo el pueblo hondureño, La Vía Campesina les hace un llamado a un Día de Acción Global por Honduras, el 11 de agosto de este año, para desplegar la solidaridad más amplia llevando a cabo movilizaciones, actos políticos y culturales, acciones de presión y cabildeo y cualquier actividad posible que ayude al avance de la lucha popular hondureña en la derrota del golpe militar.
Les solicitamos que nos informen a la menor brevedad posible de sus planes de acción y trabajo del Día de Acción Global de Honduras.
¡GLOBALICEMOS LA LUCHA, GLOBALICEMOS LA ESPERANZA!
Henry Saragih, coordinador general de la Vía Campesina
Escribir a Vía Campesina Honduras:
terça-feira, 4 de agosto de 2009
Feminicidio: el significado de la “impunidad”

Llegamos al año 2009. A pesar de las protestas ciudadanas y de la presión ejercida a nivel internacional, la realidad es que las mujeres siguen siendo brutalmente asesinadas. Y no sólo en Ciudad Juárez, Chihuahua, también en otros estados de la República : el Estado de México, Chiapas, Guerrero, Veracruz, por mencionar sólo algunos[1]. Pero el fenómeno no se limita a México. En otros países de nuestra región también se registran muertes violentas de mujeres: Guatemala, Honduras, Argentina, por mencionar algunos.
¿Por qué no ha sido detenida esta ola de asesinatos?, es la principal pregunta que nos hacemos las feministas y las mujeres en general; ya sea desde la movilización social, el periodismo, las ciencias sociales, o el Derecho. Y si hay alguna respuesta en la que coincidimos todas: abogadas, periodistas, activistas de los derechos humanos, mexicanas y latinoamericanas, es aquella que encuentra una explicación en la “impunidad” característica de nuestros países.
Si recordamos la primera definición que daba Marcela Lagarde al inaugurar el término feminicidio (que en inglés era femicide), veremos que la noción de impunidad ya jugaba un papel central para explicar este fenómeno. Lagarde definió al feminicidio como:
“El conjunto de delitos de lesa humanidad que contienen los crímenes, los secuestros y las desapariciones de niñas y mujeres en un cuadro de colapso institucional. Se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado (…)
“El feminicidio sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales agresivas y hostiles que atentan contra la integridad, el desarrollo, la salud, las libertades y la vida de las mujeres”.[2]
Desde entonces hasta ahora, tenemos la certeza de que esta violencia ejercida en contra de las mujeres no tendría lugar si no fuera por la llamada impunidad, así como no tendría lugar la violencia “en general” que ahora se registra en México y en varios países de América Latina. Simplemente, el sábado 1 de agosto, el periódico El Universal daba cuenta de que en tan solo siete meses, hubo alrededor de 4 mil ejecutados en territorio mexicano por ajustes de cuentas entre el crimen organizado.[3] No hay que perder de vista que actualmente, la violencia en contra de las mujeres se inscribe en un contexto más amplio, que es el sistema capitalista – neoliberal en América Latina, el cual promueve y reproduce una cultura de la violencia.
En lo que concierne específicamente al feminicidio, pareciera que cuando decimos impunidad, todas estamos entendiendo lo mismo. Pareciera que la frase: “El feminicidio es un crimen de Estado” resulta lo suficientemente clara. Sin embargo, la realidad demuestra que no es así. Nos ha sucedido, en no pocas ocasiones, que mientras responsabilizamos al Estado del asesinato y la desaparición de cientos de mujeres, al mismo tiempo, recurrimos a él para pedirle justicia. Nos ha sucedido, que mientras afirmamos que las autoridades son las responsables de obstaculizar la justicia, pensamos que solamente una nueva Ley podrá resolver el problema. Nos ha sucedido, que mientras acusamos a los distintos gobiernos de proteger a los asesinos, reconocemos sólo las cifras que éstos nos proporcionan en relación al número de mujeres asesinadas.
Pero si en 15 años no tenemos ni siquiera una pista de quiénes son los asesinos de más de 500 mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua, y más de 3500 en Guatemala, por poner un ejemplo de ciudad y otro de país, es precisamente, porque en América Latina el feminicidio en un crimen de Estado. Luego entonces, resulta necesario dimensionar lo que eso significa.
Lucía Melgar y Marisa Belausteguigoitia han definido así la noción de impunidad en relación al feminicidio:
“La impunidad implica que el Estado es corresponsable de la violencia que destruye la vida de las mujeres, en tanto que no cumple con su obligación de proteger los derechos de los ciudadanos, así como de investigar y castigar los crímenes. Esta impunidad, generalizada en el sistema judicial mexicano, es aún más grave en este caso, pues se dejan impunes graves violaciones a los derechos humanos. De ahí que pueda hablarse de “crímenes de Estado”, como señala Lagarde (2005), e incluso de “posibles crímenes de lesa humanidad”, como ha sugerido Castresana, quien además de formar parte del grupo de expertos de Naciones Unidas que elaboró un extenso informe sobre feminicidio en Ciudad Juárez, ha seguido reflexionando sobre sus implicaciones jurídicas (Castresana, 2005; Naciones Unidas, 2003)”[4].
Es cierto, el feminicidio es un crimen de Estado precisamente porque es él quien obstaculiza la justicia para las mujeres. Pero debe quedar claro que cuando hablamos de impunidad no estamos hablando nada más de omisión, de aquello que el Estado no hace para contrarrestar este fenómeno. Cuando hablamos de impunidad, pero sobre todo, cuando afirmamos que el feminicidio es un crimen de Estado, estamos diciendo que éste realiza una acción directa: ya sea en la obstaculización de la justicia, o en las actitudes de discriminación hacia los casos de mujeres asesinadas. Pero la acción va más allá: en la desaparición de pruebas, en la manipulación de datos, en el sesgo que toman sus propias investigaciones. Así lo han apuntado las madres y familiares de varias de las víctimas del feminicidio.
El cuestionamiento sobre lo que entendemos por “impune”, por lo tanto, se torna indispensable: ¿Qué significa impunidad? ¿Cuál es la resonancia de dicha palabra en nuestras sociedades? ¿Cuál tendría que ser la estrategia de las mujeres a sabiendas de que la llamada impunidad, no es parte del problema, sino el problema mismo?
En su definición más elemental, impunidad quiere decir: falta de castigo. Sin embargo, la impunidad tiene sus matices. No es lo mismo decir que los asesinatos de mujeres no se castigan por incompetencia de las autoridades, que afirmar que existe una clara voluntad política por proteger a quienes cometen dichos crímenes. En ambos casos, estaríamos hablando de falta de castigo. Pero lo que en realidad debiera preocuparnos es: ¿Por qué? ¿Cuál es la razón fundamental por la que estos crímenes no son castigados?
Estoy convencida de que en el tipo de sociedad en el que vivimos, pensar que tendría que hacerse justicia con respecto a los asesinatos de mujeres ocurridos durante los últimos 15 años constituye una trampa. Desde mi punto de vista, hablar de feminicidio es hablar de una guerra y desde esa perspectiva, pedirle justicia al enemigo resultaría ilógico. Afirmar que el feminicidio es una guerra en contra de las mujeres no implica radicalizar el término, sino describir una realidad de modo que quede implícita también su contraparte; en este caso, la estrategia o las estrategias para resistir o contrarrestar dicha guerra. De hecho, toda sociedad patriarcal conlleva una guerra en contra de las mujeres. Así lo explica la filósofa mexicana Graciela Hierro:
“El patriarcado es una estructura de violencia que se institucionaliza en la familia, se refuerza en la sociedad civil y se legitima en el Estado. Bajo este sistema no se da el entendimiento, ni la aceptación profunda de las mujeres como personas, tampoco como ciudadanas autónomas sujetas de derecho”[5].
La guerra que se da justo a finales del siglo XX y principios del XXI, en América Latina, se debe a que el propio sistema ha propiciado un cambio de roles de género, mismo que busca volver a ordenar: para ello declara la guerra. Por eso es que las mujeres solas, jóvenes, pobres, migrantes, trabajadoras, madres solteras, indígenas, etc., se convierten en el principal blanco de esta guerra. No solamente porque son las más vulnerables, sino porque son ellas quienes encarnan más que ninguna otra esas transformaciones.
Siguiendo la lógica de Graciela Hierro, esta guerra se explicaría así:
“El poder patriarcal se mantiene y perpetua por medio de la violencia de género a la que venimos haciendo referencia, y su finalidad es conservar la autoridad y el control del colectivo femenino con base en diversos mecanismos que nos son familiares, desde la división del trabajo y la doble jornada, hasta la violencia física y la muerte”.
Los asesinatos de mujeres, por lo tanto, constituyen un ejercicio de poder desde el poder mismo, cuya única finalidad es asegurar la reproducción del sistema. En ese sentido, este fenómeno que ha llamado la atención de la prensa nacional e internacional y de los distintos organismos de derechos humanos en la última década, puede ser leído como una guerra que despliega el sistema patriarcal – capitalista (ahora en su fase neoliberal) en contra de las mujeres. Guerra como sinónimo de dominación, de imposición de formas, de apropiación de territorios.
Si el feminicidio constituye una guerra en contra de las mujeres, nuestras energías deberían estar enfocadas, no solamente a resistir esa guerra, sino a inaugurar relaciones menos desiguales, a crear redes de protección entre nosotras, que a su vez constituyan una alternativa de convivencia en nuestras sociedades; pero sobre todo, a evitar que un fenómeno de esta naturaleza (que atente en contra de cualquier grupo humano) se repita.
Si leemos al feminicidio como una guerra contra nosotras, la discusión en relación a si se trata de asesinatos que suceden el orden público o en el ámbito privado (discusión que por cierto, ha empantanado mucho la comprensión del fenómeno) no tendría lugar. Porque ni los asesinatos que parecen provenir de bandas especializadas, ni los que suceden al interior de los hogares por parte del marido, ex marido, etc., han sido esclarecidos, mucho menos, castigados. Podemos hablar aquí de una cultura de la violencia, pero dicha cultura no se da de manera “natural” ni sale de la “nada”. Se conforma a partir de mensajes, narrativas y discursos que se esgrimen “desde arriba” y que inciden en el imaginario social. El mensaje en el caso de los feminicidios es muy claro: “que la vida de las mujeres no vale nada”, “que asesinar a una mujer no tiene consecuencia alguna”, por lo tanto, se trata de un mensaje que se produce y se reproduce hasta que se “normaliza” y se instala en el imaginario de una sociedad que castiga a las mujeres por no cumplir con el “deber ser”. En ese sentido, la llamada impunidad juega un papel protagónico, como lo ha señalado Clemencia Correa:
“La perpetración de los crímenes de Estado sólo ha sido posible con la implantación de la impunidad; las instancias de procuración y administración de justicia han estado al servicio de los intereses políticos y económicos del poder dominante. No es nada casual que en la mayoría de nuestros países se creen técnicas y procedimientos judiciales para trastocar la justicia[6], como en el caso de San Salvador Atenco en México[7]. Esto ha permitido asegurar la criminalización del Estado, la protección de los victimarios, la evasión de responsabilidades institucionales, en última instancia, la imposición de una ideología donde la mentira institucional tiende a convertirse en una verdad social”[8].
En palabras de Hanna Arendt:
“La práctica de la violencia, como toda acción, cambia al mundo, pero lo más probable es que este cambio traiga consigo un mundo más violento”.
El simple hecho de clarificar lo que estamos entendiendo por impunidad, significa pensar en estrategias distintas para contrarrestar un fenómeno tan complejo como el feminicidio. Estas estrategias podrían comenzar a pensarse desde la solidaridad y la resistencia de las mujeres, más que apostarle a que la solución se dé “desde arriba”, es decir, desde las instituciones o las instancias encargadas de “procurar la justicia”, en sociedades en donde esta es cada vez es más inaccesible para la mayoría de los seres humanos que las conforman.
La reflexión de lo que significa impunidad en el caso de los llamados feminicidios, nos lleva a su vez a un cuestionamiento pendiente sobre la relación entre las mujeres y la llamada justicia.
A propósito de la violencia sexual registrada en España durante los últimos años, Elena Larrauri dice que: “una característica del feminismo oficial es su plena confianza en el derecho penal. Así se ha caracterizado no sólo por exigir una elevación de penas sino también por defender un recurso indubitado al sistema penal”[9].
Más adelante agrega:
“(…) cuando se crea y se pretende aplicar un delito es necesario individualizar el comportamiento y el sujeto; este proceso es contrario a las perspectivas feministas, las cuales apuntan a la responsabilidad del contexto social en el mantenimiento del soporte que permite el concreto acto de violencia; por eso, en definitiva, cuando se interpone el derecho penal, éste redefine el problema en los términos impuestos por el sistema penal”[10].
Si de feminismo hablamos, hay que recordar que desde los años 70s, las feministas de la diferencia vienen cuestionando las relación de las mujeres con la ley, porque para empezar esta parte de una supuesta igualdad que nos nulifica a las mujeres. Decía Lia Cigarini:
“Llegamos a la conclusión de que el problema de raíz es, para todas, el mismo: estamos inscritas a trozos en el ordenamiento jurídico. Y podemos ser tuteladas por la ley y usarla sólo en esa parte que considera que nuestros intereses coinciden con los de los hombres. Donde, en cambio, se abre un conflicto entre hombre y mujer, en la familia o en el trabajo, por ejemplo, percibimos inmediatamente que se trataba de tutela y además inadecuada, a pesar de los varios ajustes. La razón es sencilla: el ordenamiento jurídico existente no prevé el conflicto entre los sexos y, por tanto, no los regula”[11].
Este tipo de reflexiones deben leerse a la luz del feminicidio, pues sin duda, nos darán muchas respuestas en relación a por qué a las mujeres no se nos hace justicia. En ese sentido, rescato el análisis reciente de Francesca Gargallo, en el que afirma que:
“En nuestras casas, en los buses, en el trabajo, en la escuela, en la universidad, en la fábrica, en la finca, en los campos deportivos, en los centros de esparcimiento, cuando salimos a la calle, al mercado, o cuando vamos a la siembra, las mujeres experimentamos violencias sistemáticas, solapadas o invisibilizadas por las leyes y sus custodios/as, que nos confirman una ciudadanía no plena, y por lo tanto la necesidad de desconfiar de la universalidad de las leyes que se sostienen sobre la universalidad de la ciudadanía. Se trata de un aparato jurídico a la medida de los mismos hombres que ejercen su supremacía sobre los cuerpos de las mujeres de generación en generación, para recluirlas en su rol de género e imponerle un comportamiento de sumisión y obediencia que satisface sus intereses, y a través de ellas, para controlar toda la jerarquía de ciudadanos que no alcanzan la igualdad y la libertad propias de la ciudadanía”[12].
La idea de traer aquí todos estos cuestionamientos en relación a la vía jurídica no tiene como intención soslayar el trabajo y el esfuerzo que han realizado muchas mujeres en relación al feminicidio. No hay que olvidar que como parte de este trabajo, se han logrado leyes específicas que buscan castigar acciones misóginas, y que abarcan distintos grados de la violencia ejercida en contra de las mujeres. No debemos soslayar el hecho de que estas leyes, en sí mismas, representan un avance significativo en nuestros países[13].
Sin embargo, mi propuesta tiene que ver más con la idea de comenzar a desmontar la cultura de la violencia desde la cotidianidad, desde las relaciones que entablamos todos los días con otras mujeres, desde las prácticas solidarias y el apoyo mutuo. Desmontar la cultura patriarcal existente o inaugurar otro orden simbólico desde nuestros cuerpos sexuados tendría que ser la apuesta, como ya lo señalaron Lía Cigarini, Luce Irigaray, por mencionar sólo a algunas de las feministas de la diferencia. La apuesta no es sencilla, si se considera todo lo que conlleva la cultura misma. Partiendo de la definición de Gilberto Gimenez:
“La cultura es una “jerarquía estratificada de estructuras significativas”; consiste en acciones, símbolos y signos, en “espasmos, guiños, falsos guiños, parodias”, así como en enunciados, conversaciones y soliloquios. Al analizar la cultura, nos abocamos a la tarea de descifrar capas de significado, de describir y redescribir acciones y expresiones ya significativas para los individuos mismos que las producen, perciben e interpelan en el curso de sus vidas diarias”[14].
Revertir una cultura de la violencia, a partir de la definición de Giménez, se antoja una tarea difícil, si consideramos precisamente, que la cultura se inscribe en las acciones y en el lenguaje, en las expresiones cotidianas, en los códigos no escritos, en el acontecer diario y en las relaciones de los individuos que conforman un grupo social. Por lo tanto, también habría que preguntarnos: ¿Podríamos las mujeres implementar una estrategia para contrarrestar la cultura de la violencia prevaleciente en nuestras sociedades? ¿Puede ser el feminicidio una situación límite que nos empuje a dejar el estatus de víctimas para convertirnos en un agente transformador? ¿Podemos salirnos de la lógica de la llamada Justicia, de la que siempre hemos estado excluidas, para inventar otro tipo de sociedad?
[1] Ver: Investigación sobre Violencia Feminicida en 10 Entidades Federativas: Informe General. Elaborado por el Comité Científico integrado por Norma Blázquez Graf, Olga Bustos Romero, Martha Patricia Castañeda Salgado, Teresita de Barbieri García, Gabriela Delgado Ballesteros, Patricia Duarte Sánchez, Paz López Barajas, Andrea Medina Rosas y Patricia Balladares de la Cruz. Dirección : Marcela Lagarde y de los Ríos. Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana y a la Procuración de Justicia Vinculada. LIX Legislatura, Cámara de Diputados. México, DF. 2006.
[2] Lagarde, Marcela. “El feminicidio, delito contra la humanidad”. En: Feminicidio, justicia y derecho. Editorlas. Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en
sexta-feira, 31 de julho de 2009
reportaje a Rita Segato

En la semana que pasó, el cuerpo de una maestra fue encontrado en un aljibe. Esa fue la represalia por no haberse dejado violar. La escena es horrenda y sin embargo tan común que el relato podría servir para más de un caso. Es que no es un hecho aislado, ni siquiera un crimen común. La antropóloga e investigadora Rita Segato lo tipifica, directamente, como un genocidio que tiene focos pero no fronteras. Porque para ella el género, por definición, es violencia. Una violencia ancestral pero permanentemente aggiornada, fundadora de todas las estructuras de poder.
Ser mujer en Latinoamérica es peligroso. Los femicidios de Ciudad Juárez y Guatemala, los crímenes de mujeres en El Salvador, en Mar del Plata, Río Negro o el conurbano bonaerense y la aparición de cuerpos mutilados de mujeres pobres hablan de nuevas formas de violencia que emiten mensajes en varios sentidos. Hacia las víctimas potenciales, alimentándoles un miedo innombrable, y hacia otros agresores, como si en cada violación o muerte provocadas estimularan las redes de un poder invisible. “Para el género no hay paz”, advierte la antropóloga argentina Rita Segato, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de Brasilia, que investigó las torturas y asesinatos de Ciudad Juárez. Y esa concepción cruenta del sexo sobre los cuerpos de las mujeres aparece bajo formas específicas de represión que atraviesan los genitales femeninos. “Todavía estamos en la prehistoria patriarcal de la humanidad”, dirá Segato.
–De una guerra moral muy fuerte en este mundo de guerras no convencionales. La estrategia de la desmoralización del enemigo es central y la práctica para desmoralizar a ese enemigo es la usurpación y la destrucción sexual del cuerpo de sus mujeres.
–Que la violación signifique la destrucción moral de la mujer es una idea patriarcal que se tragaron los feminismos, que acataron muchos conceptos puritanos y que es un error. La violación no es un crimen sexual, sino un crimen que lastima, mata, deja daños permanentes, que formula la sexualidad de una forma que las mujeres no percibimos. Es la lección patriarcal de la sexualidad. Por supuesto, no es bueno ser violada porque deforma otras posibilidades de la sexualidad, que es secuestrada para el patriarcado. En todo caso, la violación es el suicidio moral del violador, no del violado. Que estés muerta moralmente porque tuvieron acceso sexual a tu cuerpo es una imagen patriarcal que nos inculcan. Para las mujeres esto no es así: la vida sigue.
–Tenemos un escenario de nuevas formas de la guerra que no sólo se da en Latinoamérica. Ya no se trata de dos ejércitos, sino de una guerra difusa y generalizada que asume formas diferentes, como la guerra Estos grupos insurgentes contestatarios, las guerras maras, las mafias, las guerras de la policía contra los pobres y los no blancos, que son las nuevas formas del autoritarismo estatal. Estas situaciones dependen del control de los cuerpos, sobre todo del cuerpo de la mujer, que siempre tuvo una gran afinidad con el territorio. Y cuando el territorio se apropia, se lo marca. Sobre él se colocan marcas de la nueva dominación. Siempre digo que el cuerpo de la mujer fue la primera colonia.
–El vencedor tomaba el espacio físico y el cuerpo de mujer era contiguo y continuo al territorio. Había una transferencia histórica en ese cuerpo de mujer. Hoy, la destrucción por medio de formas de crueldad es práctica rutinaria, y ponerles nombre es central para poder exigir investigaciones pormenorizadas y para crear vocabularios. Es imprescindible su separación de los crímenes comunes. El género es una máquina genocida y los jueces participan del género. Son hombres, nadan confortablemente en la atmósfera hegemónica patriarcal. Y para el género no existen tiempos de paz.
–En todo esto el cuerpo de la mujer cae porque es el lugar donde se emite, donde se escribe ese mensaje de “yo puedo más, yo te destruyo moralmente”. Porque esa destrucción del cuerpo femenino es entendida como una subordinación moral de todos aquellos hombres que no participan de ese acto salvaje comunal de la fratría masculina. Es una estructura nueva en este período histórico. En ese sentido, Ciudad Juárez es paradigmática en esta guerra difusa de confrontación, de competición entre mafias que son un paraestado y que pueden tener más poder que las instancias estatales. En definitiva, se trata de un mismo fenómeno: la opresión de las mujeres. Estoy de acuerdo con el discurso feminista cuando sostiene que la violencia contra la mujer tiene que ver con las relaciones de género.
–Y que pasan por los genitales femeninos, por su sexualidad. Aunque también se manifiestan como formas de represión sobre el cuerpo de hombres que son colocados en una posición femenina. Como el caso del policía norteamericano que en 1997, tras detener a un inmigrante haitiano en una calle de Nueva York y llevarlo a la comisaría, le introdujo un palo de escoba en el recto, provocándole graves lesiones. También están los ejemplos de abuso y tortura de prisioneros encarcelados en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, como dominación expresada en términos de intrusión sexual en el cuerpo masculino, que es la feminización de ese cuerpo bajo la forma de destrucción moral.
–Claro. Infelizmente, la buena definición del Estado como espacio neutro donde todos entran con sus demandas y reivindicaciones no es lo que se observa. El caso específico de las mujeres es considerado un apartado, un capítulo secundario de los grandes temas universales. Falso. Mi libro, Las estructuras elementales de la violencia, no es sobre violencia de género sino sobre cómo el género es violencia y esa violencia es la fundadora de todas las otras formas de violencia. Es la fundadora de un edificio completo, jerárquico de expropiación para construir poder y, por lo tanto, violento.
–La relación hombremujer, la primera escena familiar donde emerge el sujeto, es una escena fundadora de lo que llamo la prehistoria patriarcal de la humanidad. Pienso que todavía estamos en la prehistoria, con una concepción cruenta del sexo, hasta poder superar el patriarcado. Con la modernidad, el espacio doméstico se privatizó, fue pulverizado. No existe posición peor para la mujer que la familia nuclear.
En los últimos tiempos, desde diferentes sectores de poder, se hizo visible una política marcada de dominio de los cuerpos de las mujeres.
–El año pasado terminé de escribir el libro Cerrando filas, religión y política hoy, que trata sobre el control de los cuerpos en las religiones. Estamos en una época de paradigmas fundamentalistas en la política. La tendencia fundamentalista del Islam también es fortísima en el cristianismo. Hay una presión para que las políticas se encuadren dentro de un paradigma de elaboración de signos de identificación y que esos signos sirvan para cerrar filas en diferentes sociedades. En el fundamentalismo católico, toda la guerra sobre el aborto, sobre el control de la natalidad no es moral ni doctrinaria, sino política. Ese cuerpo de la mujer debe manifestar que tiene dueño. Es el enlatamiento de las identidades, y tiene que ver con la fuerza de las políticas de la identidad en este momento. Plantar una bandera desde una perspectiva fundamentalista y territorial de la política no tiene una razón moral, sino de dominación fuerte.
–La invención del genocidio como lo conocemos hoy, no es simplemente el ingreso de un ejército a un pueblo para pasar a cuchillo a todos sus miembros. Es un exterminio programado y a veces a largo plazo. Si observamos ese exterminio como absolutamente racional –y no soy yo quien lo dice sino Hannah Arendt–, esa posibilidad de planificar el genocidio como una máquina burocrática es moderna y comienza con la conquista de América.
¿Qué herramientas deberían pensarse para instrumentar esa categoría?
–Existen pocas instancias jurídicas en el campo de los derechos humanos que puedan ser utilizadas por cortes importantes. Debe generarse la eficacia simbólica de la Justicia y crear categorías de genocidio. Crear nuevas formas de blindaje, de autodefensa. Nuevas formas de sensibilidad ética que tomen en cuenta las modalidades operativas de destrucción sobre el cuerpo de la mujer, que son diferentes de los llamados crímenes comunes. Hay un gran genocidio de género. En este período particular, los pueblos del mundo deberían exigir que se realicen investigaciones y se juzgue a quienes planifican hacer la guerra en el cuerpo de las mujeres.




