exPoemas - Tegus - marzo 08
vivo una vida tortugácea, cuando salgo fotografío, cuando entro, escribo. marian pessah - bienvenidxs
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sexta-feira, 19 de março de 2010
amanda castro -
Cuando el velero blanca de mi calmada paz y la melancolía se aleje del puerto con camino infinito y sin retorno/ no lloren por mí/ que la muerte me ha dado el descanso y con sus tiernos brazos me muestra el camino de la luz hacia la aura/ que la muerte me lleva consigo a conocer los secretos fantasmas de sueños insomnes que tanto dolor provocaron en vida/ que no llore mi madre/ porque con nuestros muertos estoy de regreso desnuda y contenta de la mano del hombre que decidió ser mi padre y su amor/ que los abuelos me aguardan para contarme los cuentos de antaño que no pude escribir/ que no llore mi hermano/ porque él me vio en la montaña perderme en la lluvia buscando un camino que llevaba al mar/ que recuerde mi risa confundida/ entre los granitos de arena que cantaban los niños/ de nuestro viaje río arriba descubriendo el amor/ que no lloren mis niñas/ tres hebras de la misma madeja que hilvanan el cielo y el mar/ el viejito lleno de amor que no llore nunca/ porque voy contenta/ que no llore mi amante compañera tierna/ mi bastón/ mi mano mi pluma cuando no he podido escribir/ mi amor cuando no he podido amar/ mi vida cuando no he podido vivir/ que no lloren mis amigos/ porque ellos ya conocen de mis amores con la muerte y no les sorprende el dolor/ que recuerden mis versos y que beban lo que no pude/ cuando apenas y se distingan mis cenizas entre las aguas o el viento de un templo en Copán/ que no llore nadie/ que quemen incienzo alzando las copas/ que me voy contenta para Xibalbá/ que no llore nadie/
amanda - por siempre ...

quarta-feira, 10 de março de 2010
segunda-feira, 8 de março de 2010
¡Es preciso sacar el pecho para derribar el capital!

sexta-feira, 5 de março de 2010
sábado, 6 de fevereiro de 2010
asesinan a una compa en Honduras
Desde aquí, se siente una impotencia tan grande... pero así y todo seguimos, porque como ellas llaman, no nos agarrará el machista cabrón, así le dicen al silencio.
K lindas que son estas mujeres, feministas en resistencia. LUCHADORAS.
desde aqui, un abrazo inmenso!!! y toda mi rabia e indignación.
Copio aqui las palabras de la Jessi.
Ayer (jueves 4 de febrero) asesinaron a Vanessa Zepeda de 29 años.
Su cadáver apareció tirado en la colonia Loarque, acá en Tegucigalpa. Era miembra de la resistencia y del Sindicato de Trabajadores del Instituto Hondureño de Seguridad Social.
Es un aviso para nosotras. Lo circulo, porque a pesar de saber que tenemos que cuidarnos, no puedo con la indignación y la rabia. Esto tiene que saberse, aunque no sé bien para qué, porque a estos cabrones les importa un carajo la presión internacional.
Abrazo
Jéssica
nosotras seguimos gritando:
ni golpe de estado, no golpe a las mujeres, cabrones!!!
terça-feira, 2 de fevereiro de 2010
Ay pena, penita, pena...
Otra lágrima para Tomás Eloy Martínez
Ayer, cuando estaba mirando el Página 12 y vi que hablaban de Tomás, uno de mis escritores favoritos de novelas, me alegré pensando que se trataría de un libro nuevo.
Pero no. Nunca imaginé que se trataba de su partida.
Se ve que el cáncer está muy activo, hay personas que se salvan, otras que posponen un tiempo su partida, y otras, que son arrebatadas en plena vida, como el caso de Lhasa, ya no el de Tomás.
Ay pena penita nos canta Serrat, ¿Dónde pongo lo hallado? Nos canta Silvio.
¡¿Y yo?! Qué hago con las expectativas, en un próximo viaje a Buenos Aires, cuando esté mirando las novedades con mi “año de atraso” y ya Doña Marta no me pueda mostrar el nuevo CD de ella, o libro de él. Me queda el “consuelo” momentáneo de no haber leído toda su obra.
Menos mal, pero mal al fin.
Otra lágrima
Morre o jornalista e escritor argentino Tomás Eloy Martínez
Martínez nasceu em 1934, na cidade de San Miguel de Tucumán, colaborava como colunista nos jornais “El País”, “La Nácion” e “New York Times”. Em 2009, ele recebeu o prêmio Ortega y Gasset de jornalismo.
Martínez foi o principal autor de romances políticos da Argentina. Perón e Evita ganharam projeção dramática e tratamento ficcional, tendo a verdade histórica como ingrediente essencial dos livros “Romance de Perón” e “Santa Evita”.
Exilado durante todo o período militar argentino (1976-1983) em decorrência da perseguição de um grupo de extrema direita, ele viveu na Europa e na Venezuela.
O último livro de Martinéz lançado no Brasil foi o romance “Purgatório”, que retrata a personagem que busca o amante desaparecido por 30 anos e o reencontra sem que tenha envelhecido.
Em entrevista a Folha em julho de 2009, o escritor falou sobre a proximidade entre o tema do livro e a sua época no exílio. “O exílio e o purgatório têm muito em comum. Em ambos a essência é a espera, uma espera que parece infinita, ao mesmo tempo uma espera cheia de esperança”.
El escritor y maestro de periodistas mezcló sus dos formas de narrar con resultados notables en La novela de Perón y Santa Evita. Trabajó en La Opinión y Primera Plana y fue el creador del primer suplemento literario de Página/12, Primer Plano.
Por Silvina Friera
Cuando tenía menos de 10 años, Martínez escribió su primer cuento para burlar el castigo de sus padres, que le habían prohibido leer.
Los azares del periodismo lo acercaron con insistencia al tema de la muerte. Hacia mediados de los ’60 advirtió, en Hiroshima y Nagasaki, que “un hombre puede morir indefinidamente, y que la muerte es una sucesión, no un fin”, según señaló en el prólogo de uno de sus mejores libros, el anfibio Lugar común la muerte, publicado durante su exilio en Caracas, en 1978. El escritor y maestro de periodistas Tomás Eloy Martínez murió ayer a los 75 años, tras una larga pulseada contra el cáncer. De niño, cuando tenía menos de diez años, escribió su primer cuento para burlar el castigo de sus padres, que le habían prohibido leer. Poco a poco el joven encontró en la ficción una forma de rebelión extrema. Por la imperiosa necesidad de ganarse la vida empezó a foguearse en La Gaceta de Tucumán, la ciudad donde había nacido en 1934; pero pasó por muchas redacciones como el semanario Primera Plana, la revista Panorama; dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión y creó el primer suplemento literario de Página/12, Primer Plano.
Su fama de joven impetuoso y obstinado se confirmó con una anécdota que le contó a este diario cuando hace dos años publicó Purgatorio (Alfaguara), en la que exploró por primera vez los años de la última dictadura militar. El narrador de su última novela confiesa en un momento que le hubiera gustado ser poeta. A Tomás, qué duda cabe, también. ¿Quién no empezó escribiendo poemas? A los 14 años, como era un chico “muy osado”, se presentó a un concurso de poesía en Tucumán. “Y les gané a poetas extraordinarios, a los que admiraba y admiro mucho ahora –recordaba en esa entrevista–. Por suerte me pararon en ese camino, alguien que quizá no se acuerda de esta historia. Terminé un libro de poesía y me presenté a un concurso cuando tenía 17 años. Conocía muy bien a María Elena Walsh y le conté que iba a presentar un libro al concurso. Ella me dijo: ‘Mirá que yo soy una jurado muy rigurosa’. ‘Mejor’, le dije. Presenté el libro y no gané, lo ganó otro poeta, cordobés. En esa época me parecía que mi libro era mejor que el libro del cordobés. Y le dije: ‘María Elena, ¡premiaste a un poeta que me parece menor!’”. Muchacho bravo, nunca dejó de admitir que Walsh fue la responsable de que “un mal poeta” abandonara a tiempo la poesía.
Martínez llevó hasta las últimas consecuencias su convicción de que la escritura periodística es un acto de libertad. Cuando era director de la revista Panorama, en 1972, recibió la orden de publicar sobre Trelew sólo la versión oficial de los hechos que desembocaron en el fusilamiento de dieciséis guerrilleros, en agosto de ese año. La falsedad de la versión oficial era tan evidente que supo que no podía cometer esta falta de respeto con el periodismo. “Si bien no desmentí la versión oficial, escribí que si en este acto se ha derramado sangre sin un juicio justo iba a correr sangre. Lamentablemente, ese vaticinio resultó después cierto”, contó el escritor, que fue despedido por única vez de un medio periodístico por “daño a la empresa”. El periodista viajó a Trelew para averiguar de primera mano qué había pasado realmente. “Me encontré la primera manifestación pública contra el régimen militar de ese momento. Unas 12 mil personas se levantaron contra la toma de prisioneros dentro del pueblo y formaron una especie de comuna.” La pasión según Trelew, publicado en 1974, fue quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba y prohibido durante mucho tiempo. En 1975, amenazado por la Triple A, debió exiliarse en Caracas, donde fundó El Diario. “Al condenarme al exilio tuve que trabajar como un alfarero, peor, como un carpintero, escribiendo libros que firmaban otros para poder sobrevivir y mandar algún dinero a los hijos que tenía aquí”, se quejaba el escritor al repasar su vida en Venezuela.
Su primera ficción, La novela de Perón (1985), arrancó como un trabajo de investigación periodística “muy acucioso”, que nació de la necesidad de “enmendarle la plana a Perón”, como confesó el año pasado, cuando se presentó la Biblioteca Tomás Eloy Martínez, la reedición de toda su obra que viene llevando a cabo la editorial Alfaguara. El escritor se dio cuenta de que Perón le estaba ocultando hechos importantes de su vida. “Estaba usándome para construir su monumento personal”, evocaba Martínez. “Me dije que tenía que explorar qué había detrás de todo esto que Perón contaba y dónde estaba lo cierto y lo que no era cierto.” Toda esa exploración está narrada y referida en Las vidas del general (2004). “Cuando empecé a escribir La novela de Perón, durante el exilio, tenía una discusión cotidiana con un matemático que vivía enfrente de casa, Manuel Sadosky. Yo le decía que mi desafío era revelar la verdad en la misma dirección con que Sarmiento escribió el Facundo. El Facundo que ahora conocemos es el de Sarmiento y no el Facundo real; yo quería que el Perón que conocieran las generaciones futuras fuera el de mi novela. ‘No querés poca cosa vos’, me decía Manuel. Perón devora todo porque tiene su propia ley de gravedad. Pero me bastaba con que mi novela lo desafiara”, subrayó el escritor, que dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.
Críticos y lectores suelen encasillar automáticamente a los escritores, sin importar que en el oficio de la escritura muchos, como Martínez, derramen la vida, los sueños, las energías. Aunque ya estaba con Santa Evita en la cabeza, antes de que se publicara (1995), prefirió avanzar sobre su novela tucumana La mano del amo (1991), para evitar que lo consideraran “un peronólogo, o peor que eso, un peronista, con todo respeto por el peronismo”, ironizaba el escritor, que en 2002 recibió el premio Alfaguara por su novela El vuelo de la reina. A este reconocimiento literario se agregaron el premio Ortega y Gasset de periodismo en 2009 que otorga el diario El País, donde fue columnista, y su incorporación en junio pasado a la Academia Nacional de Periodismo.
Martínez conservaba quizá un resabio de amargura por “cierta falta de reconocimiento como escritor”, como si con cada novela tuviera que rendir una “prueba de calidad” por “cometer el pecado de ser un excelente periodista”. Estaba convencido de que las mejores críticas a sus libros venían de Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Francia e Italia. Curiosamente, en la lista no estaba la Argentina. “Como he sido crítico, también sé que muchas veces se lee con el hígado, con las simpatías y antipatías personales”, decía el autor de Réquiem por un país perdido (2003) y El cantor de tango (2004). “Ahora me da lo mismo cómo leen, ya no me importa, pero sé que me van a leer con el hígado, con los riñones, con el buen o malhumor del día. Es decir que van a leerme como me quieren leer”. El hombre que se lanzó a la aventura de escribir uniendo dos grandes ríos que son afluentes de un mismo mar, el periodismo y la literatura, deja un puñado de libros inolvidables.
Haití

Eduardo Galeano
El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.
Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.
Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.
Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.
El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.
La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca–. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.
A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.
A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.
En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.
El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.
No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.
Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras.
País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.
En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.
sábado, 30 de janeiro de 2010
adiós a Lhasa
Es horrible pensar que ya no vendrán próximas músicas, que no volverá a sorprendernos con sus letras, tonalidades, descubrimientos.
Ay, Lhasa … la vida es un viaje, y vos lo sabías.
LAGRIMAS POR LHASA

Tenía 37 años, una historia nómade y una voz capaz de crear imágenes de otra galaxia. Murió esta semana, dos años después de haber recibido un diagnóstico de cáncer de mama. Ni siquiera la muerte logrará quitarle belleza.
Por Natali Schejtman
El viernes pasado, bordeando la medianoche, una chica de 37 años y mucha magia sucumbió ante un cáncer de mama que la derribó después de dos años de pelea. Lhasa de Sela nació en el estado de Nueva York, de madre fotógrafa estadounidense y padre profesor mexicano. Pasó su infancia arriba de un colectivo, yendo y viniendo por rutas diversas, convertidas en imaginarios que iban a impregnarse en el abanico de posibilidades creativas de aquella nena que no tanto tiempo después –empezó a los 13– estaría maravillando a su público reducido y fiel en bares de San Francisco y luego de Canadá. No por nada sus canciones magnéticas hacen del movimiento, el camino –también los ríos– y el fin de las fronteras un patrón poético y sonoro.
Su nombre se escuchó con fuerza hace más de 10 años cuando editó La llorona, un disco íntegramente cantado en castellano (cuando su idioma para pensar y sentir era el inglés) con sonidos que pululan entre el folk balcánico, el mexicanismo y el klezmer. El conjunto de canciones gira, de manera más y menos sutil, en torno de penas, despechos y de lloronas, como esa mujer mitológica en busca de los hijos que le fueron arrebatados que hipnotiza con su voz hechicera. El disco es un cúmulo de ambientes místicos, nada cotidianos, más bien salidos de un cuento de hadas para niños de galaxias vecinas, y fue un éxito que llevó a Lhasa a países que todavía no conocía.
La biografía de Lhasa de Sela habla de mudanzas varias: además del nomadismo con la familia grande, años después se unió a la compañía circense de sus hermanas, cantó de muy joven en bares canadienses, pasó años en Marsella componiendo su segundo disco, The Living Road, y luego terminó de asentarse en Montreal, donde se había mudado por primera vez muchos años antes y donde murió la semana pasada.
Su segundo disco, The Living Road, está compuesto en tres idiomas, sus tres opciones verbales: el castellano, el inglés y el francés. La voz grave, dramática y a su modo juguetona aparece todavía más concentrada, recorriendo géneros que van desde la chançon francesa –por momentos recuerda al despojo de Barbara–, hasta la saeta, la serenata, y algo de una liturgia poco convencional. También editado en Argentina como La llorona (por Random Records), este mapa íntimo vuelve a hermanar el viaje –sugerido por los cambios de lengua y los géneros– con un trip flotante. En toda su obra sobrevuela un apego estético evidente por lo triste, una nostalgia constitutiva, tal vez rastreable en esa cantidad de despedidas que tuvo que afrontar desde pequeña, mudándose de un lado a otro del mundo. Su afición por el sollozo se conjuga con tanta maestría con la melodía dulce que sus canciones se convierten en perlas inclasificables, terrenos acuosos, a veces traslúcidos, a veces pantanosos. En vivo, por lo que se puede ver en algunos de los registros de recitales a lo largo de los años que aparecen en su página, el ceño fruncido aparece tantas veces como las sonrisas frescas, graciosas y vitales.
Este año editó su tercer disco, Lhasa, en donde emergen, acaso con más presencia que en los anteriores, el blues y el jazz, envolviendo de un color diferente a composiciones de sensibilidad escalofriante, entonadas en inglés con una voz brillante.
El legado de sus hermosas canciones está entre nosotros y la cita descontextualizada de palabras de la artista acaso sirva, un poquito, para sopesar el sentimiento de tristeza que empaña en estos días: “Cuando algo es bello es bello para siempre”.
Link a la nota:
sexta-feira, 29 de janeiro de 2010
Haití! ¡Sí hay país!
Puerto Príncipe.
Desde el 12 de enero mi país es, de nuevo, objeto de todas las fantasías catastrofistas –la maldición haitiana– y pan de todos los folclores. A raíz de ello se han reforzado visiones y diagnósticos tendientes a ningunear a esta nación, a sus instituciones y, desde luego, a su pueblo. Lo que en realidad está pasando en Haití no ha sido traducido por la prensa ni en las informaciones que se han difundido a la comunidad internacional, a pesar de que tuvieron presencia masiva en este territorio. Las pocas excepciones al discurso paternalista-asistencialista no han logrado cambiar la visión del gran público. En estas circunstancias tan trágicas no es posible ni sería justo pasar por alto lo que ha hecho y sigue haciendo la población haitiana diariamente, con una determinación digna de admiración y respeto, de la cual quiero dar mi testimonio.Los primeros días, después del sismo, como bien recalcaron los brasileños Omar Ribeiro Thomaz y Octavio Calegari Jorge en su artículo Haití. ¿Qué ayuda?: la misión de las Naciones Unidas fue incapaz de ir más allá de rescatar sus propios muertos y heridos. Ante la amplitud de la catástrofe, sólo vi que los primeros esfuerzos partieron de los haitianos para ayudar a los haitianos: salvándole la vida al embajador de Taiwán, rescatando a decenas de personas de los escombros en Nérette y Morne Hercules, y de los barrios particularmente afectados de Pétion Ville; sacando cuerpos y colocándolos ordenadamente al borde de las calles para su rápida evacuación; organizando brigadas de distribución de agua, sábanas, comida (la poco disponible); iniciando espontáneamente, en aldeas y comunas, el traslado de familias, en especial de niños, hacia las provincias no afectadas. Todo esto se llevó a cabo antes de las consignas gubernamentales y sin subvención de gasolina.
Las siniestrados son millares en las calles de Puerto Príncipe y en las comunidades de los alrededores. Las plazas más importantes de la zona metropolitana las ocupan los sobrevivientes de barrios enteros. En Pétion-Ville, en la Plaza Boyer, son 5 mil; en Plaza St-Pierre, casi 7 mil; en el estadio Sainte-Thérèse, otros tantos. Hasta el día de hoy en ninguna de ellas ha habido reparto de tiendas de campaña ni de raciones alimentarias, que llegan sólo esporádicamente; los circuitos cívicos fueron durante varios días los únicos en operación que abastecieron de agua. La economía informal da aquí lo mejor de su potencial y gracias a las solidaridades de base la gente come, mientras duran sus magras reservas. La determinación y la serenidad, entre otros rasgos socioculturales de este país, pueden más que las frustraciones y la cólera y demuestran el potencial organizativo para lograr una distribución más rápida y eficiente de la ayuda.Los conocedores de Haití, entre ellos algunas ONG de renombre, como la estadounidense Fundación Panamericana de Desarrollo (PADF, por sus siglas en inglés) y el Centro Canadiense de Estudios y de Cooperación Internacional (CECI), lo saben bien y están tratando de convencer de ello a los contingentes de ayudantes. Ojalá sean lo suficientemente elocuentes porque estoy convencida de que la tan esperada ayuda –amontonada en las bases, los barcos, puertos y aeropuertos–, mal distribuida podría desatar lo que el civismo de este pueblo ha logrado hasta ahora evitar: brotes de desorden, peleas por los productos y otros derrapes que tanto temen los donantes, al grado que han tenido la precaución de desplegar sus tropas como prioridad número uno.
Hay que hablar también de esos lanzamientos de alimentos desde el cielo.
Prekosyon pa kapon! (más vale ser precavido) Pero, ¡ojo!, ninguna paciencia es eterna. Ninguna concentración urbana está exenta de su lote de delincuentes y de buitres que se aprovechan de situaciones de crisis. O se entiende esto rápidamente o se cae en el juego de la exasperación y de la provocación con los riesgos que entrañan.Porque, a fin de cuentas, 8 mil, más 12 mil, más… ¿para qué esos soldados armados en la guerra contra la muerte y la miseria que se libra en Haití, que hoy, como en 2004 empezaron a llegar? Hasta hoy sólo se les ha visto paseando en las calles con tanquetas y camiones militares... o ¡tomando fotos!, como en la noche misma del terremoto, cuando rebasaron a un grupo de gente sobre la carretera nacional del sur dejándoles la tarea de quitar los escombros con las manos para restablecer la circulación.Han venido para ayudar, nadie lo duda, así que ¡a trabajar! ¡Organizar albergues decentes! ¡Dar agua! ¡Quitar escombros! La población espera y ha dirigido sus reclamos y frustraciones hacia sus gobernantes, como tiene que hacerlo, porque todos el día escucha los promocionales sobre la ayuda que se amontona, mientras los aviones sobrevuelan y los comunicados informan las múltiples gestiones de todo esto. Debe verse, muy rápidamente, por las condiciones de sobrevivencia, los efectos de toda esta movilización. Ya es tiempo de hacer algo, o mejor dicho, el tiempo apremia. El jefe de Protección Civil, doctor Guido Bertolaso, coordinador de la ayuda italiana, acaba de advertirlo: la población de este país ha sido muy paciente, demasiado; hay que temer que deje explotar su frustración si la ayuda anunciada no se despliega de inmediato. No se puede ser más claro.
* Politóloga. profesora de la Universidad Quisqueya en Puerto Príncipe
quinta-feira, 28 de janeiro de 2010
domingo, 17 de janeiro de 2010
HAITI : SOLICITUD URGENTE
sexta-feira, 15 de janeiro de 2010
Hai... de ti...

Ayyyyyyyyy ti
Queridas compañeras/os Sergia ya está de camino para Santo Domingo (fue parte de una comisión de una coalición de organizaciones de la sociedad civil) , ella está realmente impresionada y le pedí que rápidamente nos cuente en sus propias palabras lo que vio:
Abajo les adjunto el mensaje que Mario Serrano envió sobre lo que están haciendo y viendo en Haití :
Algunas informaciones de la Comisión de visita a Haití, enviadas a las 9,00 a.m. del 14-01-2010:
Del lado Haitiano: Reporta el compañero Gerónimo de Poveda que la situación es de total caos. En la parte céntrica de Puerto Príncipe no han quedado edificaciones. La gente está en la calle. No quiere entrar a sus casas, por temor. Eso ha dificultado el trabajo y las acciones.
No se han visto articulaciones del Gobierno haitiano para el trabajo con la gente. El presiente Preval ha estado visitando algunas zonas, junto al Primer Ministro.
Mucha gente muerta en las calles. Mucha gente bajo los escombros. La ayuda ha sido poca. Dicen los compañeros que lo que ha visto es lo de los dominicanos. Quienes han entrado es la prensa, pero las ayudas han sido escasas.
Ayer en la tarde se han sentido algunas réplicas. Eso causó más pánico a la población. En estos momentos Mario, Sergia y un compañero de Poveda están en Puerto Príncipe.
Del lado dominicano: En los hospitales de Jimaní están atendiendo a cientos de heridos. El hospital está colmado de personas. Las autoridades de SESPAS han dispuesto ambulancias y recursos para el traslado de heridos a otros hospitales. En la frontera en estos momentos, 8:30 de la mañana, está el Presidente Leonel Fernández. EL viajará a Puerto Príncipe en horas de la mañana. La entrada a territorio haitiano es difícil. Se han estado enviando camiones y ayudas del Plan Social de RD.
En la frontera con Jimaní hay muchos medios internacionales que han querido penetrar a territorio haitiano. Hay muchos recursos en telecomunicaciones, pero la ayuda internacional que se ha canalizado por la frontera surdominicana es mínima. La articulación está siendo con la Iglesia Católica, se ha montado todo un proceso para la acogida de heridos en las instalaciones del Centro Parroquial.
segunda-feira, 11 de janeiro de 2010
Turismo baiano
acabo de volver a casita, luego de 2 semanas preciosas en Bahía. Estoy organizando la cabeza, los escritos y las fotos, en breve iré subiendo.abrazotes 20 10
marian
segunda-feira, 21 de dezembro de 2009
ya tenés tu regalito de navidad?

es genial que ya hayan creado el muñeco. mejor que creer en papá noel, es reproducir estatuillas.
sí ya sé, mas de una/o dirá que soy violenta y yo me preguntaré, q es la violencia?
buen año, con muchos sueños y sonrisas!
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